Culto a la moda: el estilo Café Racer

En los Estados Unidos de las primeras décadas de la posguerra, los motoristas eran vistos como forajidos. Tras los incidentes protagonizados por motoristas en la localidad de Hollister en 1947, muy exagerados por la prensa, y del surgimiento de la banda autodenominada «One Percent» (uno por ciento) —nacida después de que la honorable American Motorcycle Association afirmara que el 99 % de los motoristas eran ciudadanos modelos—, cualquiera que se enfundara una chupa de cuero negro y alardeara de motor y dos ruedas era tachado de enemigo de la sociedad. Cuando Hollywood presentó la película «Salvaje» y otros títulos como «Live fast, die young» y «High school hellicats», la opinión pública terminó de encasillarlos.

Culto a la moda

Sin embargo, en el Reino Unido, como en tantas otras cosas, el mundo del motociclismo tenía un aire más refinado, a excepción de la imagen estereotipada creada por la prensa en historias disparatadas de una guerra perpetua contra las vespas. A mitad de siglo, los motoristas comenzaron a escuchar esa nueva música norteamericana llamada «rocanrol», por lo que pronto los apodaron «roqueros». No en vano apareció el 59 Club, uno de los clubes de moteros más famoso de Londres, cofundado por Bill Shergold, vicario de día y habitual del Ace Cafe, la meca de los motoristas de la ciudad, de noche. Después de todo, el motociclismo había sido considerado una actividad normal y corriente desde los años 20.

Si el motociclismo en los Estados Unidos llegó a su punto álgido entre finales de los años 50 y principios de los 60, sobre todo como vía de escape de los soldados que habían regresado a casa sin nada tras la Segunda Guerra Mundial, en el Reino Unido era más bien una pasión, en especial en lo referente a las «café racer», una motocicleta ligera que alcanzaba velocidades tremendas en la carretera que solo los modelos personalizados más caros podían lograr. Al fin y al cabo, a pesar de esa imagen de vagos y dejados que tenían los motoristas, para llegar a serlo, era necesario tener, al menos, un sueldo fijo y conocimientos en mecánica.

Roqueros en el Ace Cafe en 1964
Roqueros en el Ace Cafe en 1964

En efecto, a los viejos roqueros que pertenecieron a aquella época les puede resultar algo chocante ver que el mundo de la moda de hoy califica su estilo de emblemático, un hecho que Belstaff ratifica con los diseños de su última colección, llenos de parches y tachuelas —como chalecos de cuero ligeros para el verano, pantalones con articulación en las rodillas, camisetas de lino revestido y de estilo henley y pañoletas— en homenaje al pasado. Para los motoristas de la época, la ropa, francamente, era algo a lo que no se prestaba demasiada atención y que se elegía sobre la base de su precio y funcionalidad, que dictaba el clima británico y la falta de dinero. Solo unos pocos tenían la suerte de poder comprar una chaqueta de cuero o de algodón encerado profesional como las de Belstaff. Las adornaban con parches e insignias de las concentraciones moteras a las que acudían y les daban el toque personal con cadenas, flecos y calcomanías pintadas a mano, hasta tal punto que parecían piezas de arte popular.

Chaqueta Eastgate
Descubre la colección Motorcycle

Con todo, debemos admitir que el paso del tiempo y la ficción han contribuido a que el estilo roquero regrese con fuerza. El brillo coordinado del cuero y de una Venom de Velocette Thruxton o una BSA Gold Star, y la imagen de un rostro manchado por la suciedad, le confieren al motorista un prestigio solo comparable al de los pilotos de combate. Rodeado de ese aire masculino contundente, el estilo motero se abstrae de la moda, va más allá de las tendencias. En realidad, a finales de los 60, los roqueros se habían esfumado, no por el rechazo social, sino principalmente porque habían crecido y formado familias y ahora necesitaban turismos. Pero su estilo se hizo leyenda; una leyenda que lo ha mantenido siempre vivo.

Josh Sims es periodista especialista en moda, así como autor de «Icons of men's style».

Descubre la historia

Compartir