El icono motero definitivo: Sammy Miller

Peter Howarth nos relata la larga e ilustre relación entre el emblemático piloto de trial Sammy Miller y Belstaff.

En la colección de Belstaff actual hay una chaqueta de algodón encerado bautizada en honor a Sammy Miller, una réplica de una Trialmaster de 1955. «Siempre llevaba Belstaff», dice Miller, que ahora tiene 81 años. «En 1954, participé en la competición Scottish Six Days Trial. Escribí a Belstaff y me hicieron un traje a medida para la ocasión. Me llevé el trofeo Ben Nevis con ese traje. Es una buena compañía que ofrece ropa impermeable de calidad. En uno de los eventos de la Scottish Six Days, llovió cinco de los seis días. Yo era el único piloto que iba seco».

Sammy Miller ha sido cinco veces ganador de la Scottish Six Days Trial. Efectivamente, ganó casi 1500 competiciones de trial y fue dos veces Campeón de Europa de esta disciplina, además de Campeón Irlandés de Motocross. Es, simple y llanamente, una leyenda del motociclismo.

Miller, un hombre del Úlster y Miembro de la Orden del Imperio Británico, comenzó a participar en carreras en 1953. Todavía compite (y gana) hoy en día, pero cuando no está en la moto, dirige el museo de motocicletas Sammy Miller de New Milton (Hampshire, Inglaterra), sede de una de las mejores colecciones de motocicletas totalmente restauradas del mundo, con 400 motos expuestas, entre las que se incluyen modelos de serie y prototipos inusuales. Miller fue campeón del trial británico 11 veces seguidas, un récord que nunca ha sido superado. También ganó nueve medallas de oro en la International Six Days Trial, una prueba extraordinariamente dura, entre 1959 y 1970. Esta carrera, también conocida entonces como la ISDT, ha pasado a llamarse International Six Days Enduro (o Seis días internacionales de enduro) y es famosa por ser una competición en la que los pilotos tienen que realizar sus propias reparaciones. Es una desafiante carrera de resistencia entre motocicletas que se celebra de forma anual y que requiere habilidad todoterreno, algo que Miller controla por completo.

«Las carreras en asfalto son estáticas; los marcadores y las esquinas son todas iguales», explica. «Pero fuera pista todo cambia en un abrir y cerrar de ojos debido al barro, la tierra, las piedras y los ríos. Tienes que estar preparado para lo inesperado. Yo siempre lo he preferido, porque nada nunca es igual». ¿Acaso entonces fuera de pista requiere más habilidad? «Sin duda alguna», dice. «Muchos pilotos de carretera y todoterreno no aguantarían fuera pista». Fue en la ISDT de 1964 en Alemania Oriental cuando Miller, en el equipo británico, se vio compitiendo contra una cuadrilla estadounidense que contaba con una cara conocida: nada menos que el rey de «lo guay» de Hollywood, Steve McQueen. Como es sabido, la leyenda de la pantalla sentía auténtica pasión por las motocicletas y compitió por su país en 1964.

Sammy Miller recuerda entrenar con McQueen. El actor era «buen tío, simpático, divertido». Pero no logró el oro. El honor se lo llevó uno de sus camaradas de equipo. «Había un tipo en el equipo estadounidense llamado Dave Ekins», dice Miller. Salió al lado de Miller: «empezamos en parejas, por lo que el equipo estadounidense le dijo: "mantente detrás de Sammy Miller seis días y conseguirás el oro". La multitud nos llamaba "Miller y su sombra". Lo hizo y regresó con el único oro para los Estados Unidos».

Miller también se hizo con un oro. Como no, iba vestido de Belstaff en ese momento.

Peter Howarth es editor ejecutivo de Brummell.