A todo gas: Bloodhound en Newquay

Rob Ryan nos relata cómo fue la primera prueba de velocidad del Bloohound este octubre y el bagaje del equipo hasta ese punto.

Como afirmaría cualquier aficionado a las carreras, uno de los mejores momentos para sopesar el potencial de un pura raza no es el día de la carrera, sino las sesiones de entrenamiento matutinas, cuando el entrenador y el jinete ejercitan al caballo.   Aunque no es habitual empujar al animal al límite, las sesiones suelen ser suficientes para el ojo avezado, que sabe distinguir el poderío, porte y, sobre todo, temperamento de un futuro campeón. En cierto modo, en octubre, el coche supersónico Bloodhound pasó su propia sesión de entrenamiento, una oportunidad para todos, desde los ingenieros hasta los fans que abarrotaron la pista del Aeropuerto de Newquay Cornwall, de hacerse una idea de lo que es capaz esta máquina que tratará de batir el récord de velocidad en tierra. Y demostró que es capaz de mucho.

El Bloodhound fue conducido por la pista de rodaje por el teniente coronel de aviación Andy Green —ya poseedor del récord de velocidad en tierra tras haber alcanzado los 1227,92 km/h con su Thrust SSC veinte años atrás—. Pero el bólido no iba provisto de todo su equipamiento, como explicó el ingeniero jefe Mark Chapman: «hemos tenido que correr con neumáticos de goma de un caza English Electric Lightning. Sin embargo, ningún neumático de goma podría soportar las fuerzas centrífugas a diez mil quinientas revoluciones por segundos a las que se expone una rueda cuando se intenta batir el récord. Para eso, mandamos fabricar unas de metal en aleación de zinc y aluminio». Básicamente, tuvieron que reinventar la rueda. «Pero no podemos correr con ellas aquí porque reventarían la pista». Y, como el aeropuerto de Newquay se había ofrecido a suspender todos los vuelos durante 90 minutos por tres días para llevar a cabo las pruebas, habría sido un gesto muy feo.

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Las ruedas temporales hacían imposible utilizar algunos de los carenados que cubrirán los discos de aluminio. La aleta trasera tan característica tampoco estuvo en la configuración final; además, en la tentativa real de récord, el Bloodhound llevará, aparte de un reactor Eurojet EJ200 procedente de un avión de combate Eurofighter Typhoon, un conjunto de cohetes que deberían permitirle superar los 1609,34 km/h. Sin embargo, incluso despojado de todo esto, y aun con un objetivo más modesto de 321,869 km/h, cuando se presentó en estado óptimo para su primera «vuelta de prueba», el Bloodhound lució magnífico en librea azul y naranja.

«Listo para rodar», dijo el controlador de tránsito aéreo y, con un rugido y un resplandor de llamas desde la parte trasera en el momento en que se produjo la ignición (el combustible se bombea directamente en los gases de escape calientes para dar un impulso adicional), el bólido se desató por primera vez en público, acelerando a 48 km/h por segundo a lo largo de la pista. Andy Green declaró más tarde: «Me sorprendió muy positivamente lo bien que se sentía al volante. La respuesta precisa de la dirección, la buena sensación de freno, la suspensión suave… Todo fue perfecto». Mark Chapman agregó: «es difícil no sentirse impresionado por el coche cuando llega a los cientos de kilómetros por hora sin casi ningún esfuerzo. Cuando Andy acelera, va a todo gas».


Los tres días de pruebas a 321,869 km/h fueron un gran éxito, especialmente por el gran número de niños que vieron las exhibiciones: al final y al cabo, la misión del Bloodhound no es solo batir el récord, sino inspirar a la futura generación de ingenieros y técnicos. El equipo quedó contento, al igual que el conductor («el mejor automóvil jamás fabricado para batir el récord de velocidad en tierra»), y al público le fascinó el aspecto, ritmo y ruido del Bloodhound. Pero aún no han oído nada. Como dice Mark Chapman, a menos que «se lance un cohete espacial o un volcán entre en erupción», el día de la tentativa en la Hakskeen Pan del desierto sudáfricano, el Bloodhound emitirá el sonido más fuerte de la Tierra, superando los 180 dB.


Belstaff, por supuesto, estará presente en lo que Andy Green llama «una aventura de ingeniería». Belstaff ha tenido relación con los récords de velocidad en tierra desde los días de Malcolm Campbell, quien se hizo con el título por primera vez en la playa de Pendine Sands, en Gales, en 1924, cuando alcanzó los 235,22 km/h; ese mismo año, Belstaff presentó su nueva ropa transpirable e impermeable de algodón encerado. Campbell, también entusiasta de las motos, empezó a usar rápidamente el kit de Belstaff. Más recientemente, Belstaff se asoció con otro famoso piloto, Guy Martin (y Triumph) para tratar de batir el récord de velocidad en tierra sobre una moto en las legendarias salinas de Bonneville, Estados Unidos.

Bloodhound

Para el proyecto Bloodhound, Belstaff ha diseñado una nueva generación de chaquetas transpirables, impermeables y resistentes al viento, pero flexibles, en un color singular, el «azul Bloodhound» (con capucha totalmente naranja), para hacer frente a lo que el clima del desierto sudafricano les eche encima. También ha creado unas gafas de sol ligeras pero resistentes de poliamida azul y naranja, con un estilo técnico a la última. Ayudarán al equipo a soportar el resplandor implacable del lago seco, hasta el que han desplazado 16 000 toneladas de piedra para construir una pista de 12 millas en la que el bólido supersónico pueda lucirse.


Por el momento, el equipo Bloodhound se muestra hermético acerca de cuándo y dónde será la próxima prueba o qué velocidad máxima tratarán de alcanzar. Pero, después de Newquay, todos están de acuerdo en algo: el Bloodhound está a punto.

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